Comer bien también es descansar: Una escapada al Valle del Isábena

Una parte importante de las escapadas que planeamos durante el año, es la mesa, porque descansar no es sólo, pasear rodeado de naturaleza, dormir bien, respirar si no también sentarse a comer con calma, el ritual que lleva aparejada la mesa nos  devuelve a la vida.

Por eso la gastronomía forma parte de la experiencia de viajar.

En el Valle del Isábena, donde el paisaje cambia el ritmo de las cosas y los pequeños pueblos todavía conservan muchas de sus tradiciones, comer también es una manera de conocer el territorio.

Cuando viajar también significa comer despacio

Durante la vida diaria la comida tiene un papel secundario o accidental, prisas, falta de tiempo o estrés hace que la comida y el tiempo que invertimos en ella sea una pausa breve antes de volver a los siguiente.

Cuando llegamos al Pirineo, el tiempo puede ser diferente.

Una mañana caminando junto al río. Una visita a un pequeño pueblo. Un paisaje que invita a parar. Un bosque especial en el que oir el canto de los pájaros o admirar árboles anclados en la tierra durante años

Y después, sentarse a la mesa, sin mirar constantemente el reloj, sin atender a llamadas o mensajes, sin pensar en la siguiente tarea... simplemente comer.

Es una de esas cosas sencillas que hacen que una escapada empiece a sentirse realmente como unas vacaciones.

El sabor de un territorio también está en su cocina

El Valle del Isábena y la Ribagorza tienen una gastronomía vinculada a su paisaje y a la forma de vida de sus pueblos. La gastronomía siempre fue de aprovechamiento de los recursos y de la tierra según las estaciones.

Productos de proximidad, recetas tradicionales, carnes de Aragón, embutidos, quesos, miel, productos de la huerta y dulces que forman parte de la memoria gastronómica de estas montañas.

Son productos que cuentan algo, hablan del territorio, de las personas que lo trabajan y de una manera de entender la cocina que no necesita demasiados artificios.

En Casa Peix nos gusta que esa relación con el territorio también esté presente en nuestra mesa, que hable de nuestras abuelas en la cocina y en la tierra.

Trabajamos con producto local y de temporada siempre que es posible y damos importancia a una cocina que permita disfrutar de los sabores de nuestra tierra.

Del huerto, del valle y de nuestro propio obrador

Hay algo especialmente bonito en cocinar siguiendo las estaciones.

Un producto no sabe igual en agosto que en noviembre. Los ingredientes cambian, cambia la luz, cambia el paisaje y también cambia lo que apetece encontrar en la mesa.

En Casa Peix esa filosofía también se extiende a nuestro obrador.

Cada día elaboramos nuestro propio pan de masa madre, sin prisas, dándole el tiempo que necesita para fermentar y  también las diferentes piezas de repostería artesanal que forman parte de nuestros desayunos.

El olor del pan recién hecho, una torta de pan los sábados por la mañana, un pastillo de calabaza, o la madalena mojada en el  café tomado sin prisas...

Son pequeños detalles

Pero muchas veces son precisamente esos detalles los que terminamos recordando de un viaje.

Después de caminar, sentarse a la mesa

Imagina un día en el Valle del Isábena.

Salir por la mañana desde Casa Peix después de un buen desayuno junto al río y recorrer alguno de los caminos que rodean el valle, la ruta de los puentes románicos del Isábena, el bosque del Ansuilo o llegar a la ermita de la Feixa.

Descubrir cualquiera de los pueblos del Valle, Calvera, Visalibons o Villacarli

Parar ante una iglesia románica pequeña, justo en medio de cualquiera de los pueblos, en la plazuela donde seguramente esté también la fuente y el lavadero.

Caminar entre bosques.

Encontrar un paisaje que merece una fotografía.

Y volver.

No para seguir corriendo hacia el siguiente lugar.

Sino para sentarse a comer.

Quizá ese sea uno de los placeres de alojarse en un pequeño hotel rural: poder combinar la naturaleza y el descanso sin tener que desplazarse continuamente.

La mañana puede ser para descubrir.

La comida, para disfrutar.

Y la tarde, simplemente para descansar.

Comer bien y no tener que ir a ninguna parte

Hay otra forma de hacer turismo, no consiste necesariamente en recorrer muchos sitios ni en buscar constantemente el lugar de moda.

A veces consiste en encontrar el lugar donde puedas comer bien y después no tengas que coger el coche, donde puedas alargar la sobremesa, tomar un café en el jardín o cuando el frío aprieta junto a la chimenea, dar un paseo junto al río.

Volver a la habitación.

Leer un rato.

Y dejar que la tarde pase.

En Casa Peix, el restaurante forma parte de esa manera de entender la estancia.

No queremos que la comida sea simplemente una parte más del alojamiento.

Queremos que también sea un momento para disfrutar.

La gastronomía también cuenta la historia de un lugar

Cuando viajamos, muchas veces buscamos monumentos, paisajes o rutas.

Pero también podemos conocer un territorio a través de lo que comemos.

La cocina tradicional de la Ribagorza habla de montaña, de ganadería, de agricultura, de conservación de alimentos y de aprovechamiento de los productos disponibles en cada estación.

Y habla también de las personas.

De generaciones que han mantenido recetas, y formas de hacer que todavía siguen presentes.

En un valle como el Isábena, alejado de los grandes circuitos turísticos, esa relación con el territorio todavía se percibe de una manera muy cercana.

Quizá por eso venir aquí sea también una manera de descubrir un Pirineo diferente.

Un hotel rural para descansar, comer bien y bajar el ritmo

El martes hablábamos en nuestro blog de esa otra manera de entender un fin de semana: llegar, caminar, escuchar el río, dormir bien y no tener que llenar cada hora de planes.

La gastronomía es parte de lo mismo.

Porque descansar también puede ser sentarse a una mesa y disfrutar.

Es desayunar pan recién hecho.

Es comer un buen producto después de una mañana en la montaña.

Es alargar una sobremesa

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